viernes, 16 de julio de 2010

La Cartelera (Levante-EMV), Enrique Herreras, Teatro y política.

ENRIQUE HERRERAS
La semana pasada, una representación teatral dejó las páginas de cultura de los periódicos y pasó a ser noticia de la sección de política. Me refiero a Zero responsables, espectáculo estrenado en la Sala Ma­tilde Salvador, de la Universitat de Valencia. Es eviden­te que en esta obra, surgida desde la iniciativa de un gru­po de dramaturgos valencianos, en la que han interve­nido, voluntariamente, un buen número de intérpretes, trataba un tema social que ha adquirido tintes políticos, el accidente del metro de Valencia ocurrido en 2006.

El caso es que no estoy de acuerdo con este paso, ya que eso significa que en estos momentos las páginas de cultura están al margen de la política, salvo cuando se habla, claro, de política cultural. Y no debiera ser así.

Tampoco estoy de acuerdo con buena parte de la ac­tual mentalidad artística que relaciona teatro de cir­cunstancias con panfleto. Porque, si miramos la historia de las artes escénicas, veremos que sí, que ha existido un teatro político cuyo fin era la expresión de consignas de determinadas ideologías, pero también otro, el más im­portante, que ha planteado críticas y preguntas diversas al poder y a la sociedad de alrededor.

Ahí está Aristófanes, quien inició un tipo de come­dia que nacía de la situación política del momento o de alguna cuestión social candente. Una parte del teatro de Valle Inclán entraría en esta propuesta. O Els Joglars, una compañía que ha acometido en su trayectoria lo que Boadella ha señalado como «profilaxis de las neurosis ­blicas». Y, hace algún tiempo, Xavi Castillo inició por es­tos lares un teatro juglaresco, una sátira desatada de si­tuaciones y personajes de la vida política.

El caso es que buena parte de los poderes políticos siempre han asimilado mal este tipo de teatro. Y puede que (curioso) se haya dado mayor permisividad a la crí­tica escrita que a la representada. Ya se lo dijo Hamlet a Polonio: «Más te valiera un mal epitafio en tu tumba, que una venganza de comediante mientras vivas».

Y, por lo visto, la cosa (esta situación ancestral) sigue. Entre otras cosas, porque es demasiado habitual hoy pensar que los presupuestos para cultura son de los pro­pios gestores, y no públicos. En este caso, parecer ser, hubo cierto recelo de nuestros gobernantes (se dice que desde Presidència se llamó al rector de la Universitat de València), lo cual multiplicó la expectación ante una obra cuya presencia social iba a ser muy minoritaria, al estar previstas sólo tres representaciones y en una sala con poco aforo (finalmente, fueron cuatro, por el inte­rés despertado).

Y ya bajando al montaje en sí (es lo que era, una re­presentación teatral), y dejando a un lado su valor sim­bólico adquirido, esta dramaturgia de 14 escenas trata­ba múltiples perspectivas relacionadas con la situación social y política de nuestra Comunidad, desde un míni­mo común múltiplo: las responsabilidades colectivas, in­cluidas las de la clase poética.

El conjunto se mostró efectivo y resolutivo (inter­pretación incluida), y no faltó el ingenio. Aun así, es evi­dente que, como ocurre en todo espectáculo de este tipo, hay escenas más logradas que otras. De la escena que trataba el tema de Canal 9, sobresalió el momento en que la reportera daba unas noticias ficticias. Notable idea fue la de las noticias interrumpidas de los diversos me­dios de comunicación, así como la conversación entre la turista y el conductor de metro. Y de muy perspicaz puede considerarse la de los regalos y el sistema de se­guridad para el metro. Aunque la escena más redonda, creo, fue la última, la que tenía como protagonista a un matrimonio y su conversación horas antes de ser reci­bidos por el Papa. Nos recordó lejanamente un tono va­lleinclanesco, por el modo esperpéntico de tratar unos personajes reales y por el perfilado lenguaje utilizado.

Parece que el montaje ya no se volverá a repetir, pero una parte de la tradición teatral, que parecía dormida, ha despertado; aunque sólo sea por unos días.

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